Dejamos dos notebooks en un taller del centro de Asunción con fallas que no se parecían en nada. La primera, una de 14 pulgadas con cinco años encima, se recalentaba y se apagaba sola cada veinte o treinta minutos de uso, sobre todo cuando había videollamada de por medio. La segunda venía con la bisagra izquierda partida y cuatro teclas muertas, un daño que se nota apenas abrís la tapa porque el chasis queda torcido.
El diagnóstico inicial del taller llegó por mensaje al segundo día. Para el equipo que se apagaba hablaron de pasta térmica seca y de un ventilador con rodamiento gastado; para el otro, de bisagra completa y de un teclado que no se podía reparar por teclas sueltas, había que cambiar la pieza entera. Nos pareció razonable, aunque el primer presupuesto telefónico que nos habían dado era bastante más bajo que el escrito que recibimos después.
Ahí aparece el punto que conviene tener claro antes de dejar cualquier equipo: el monto que te dicen por teléfono suele ser un piso, no un techo. En nuestro caso la diferencia vino de dos repuestos que no habían cotizado, el ventilador y la bisagra original. Nos ofrecieron alternativas compatibles por menos, con la advertencia de que la bisagra genérica suele durar menos. Elegimos original para la bisagra y compatible para el ventilador.
Los plazos prometidos fueron cinco días hábiles para el primer equipo y siete para el segundo. La realidad: once y nueve. La demora del primero se explicó por la importación del ventilador compatible, que llegó con retraso desde Ciudad del Este. El segundo, en cambio, se entregó antes de lo previsto porque el teclado ya estaba en stock. La comunicación durante esas semanas fue lo más flojo: hubo que escribir tres veces para saber en qué iba cada reparación.
Al retirar los equipos probamos lo básico en el mostrador. La notebook que se apagaba aguantó cuarenta minutos de uso continuo sin cortes y con temperatura estable. La de la bisagra abría y cerraba sin crujidos, y las teclas respondían parejo. Nos dieron noventa días de garantía sobre la mano de obra, no sobre los repuestos, un detalle que quedó anotado en la factura final.