Compré esta unidad con dinero propio en una ferretería de Pilar, no fue cedida por el fabricante. La usé durante seis meses en paredes de ladrillo hueco, perfiles de madera dura y chapa fina, y anoté cada sesión en un cuaderno: tipo de broca, minutos de trabajo continuo y sensación al tacto en el cuerpo del motor.
El dato más útil salió de las mediciones simples. Después de veinte minutos perforando ladrillo sin pausa, la carcasa cerca del interruptor llegó a una temperatura que obligaba a soltar la herramienta unos minutos. Con madera dura el calentamiento fue menor, pero el mandril mostró una concentricidad irregular al compararlo con un comparador básico: la broca larga se desviaba lo suficiente como para notarlo en agujeros profundos.
El torque alcanza para atornillar tarugos y para perforar hasta 13 mm en mampostería sin forzar el motor. En chapa fina conviene bajar la velocidad y usar la función percutor solo cuando hace falta, porque el golpeteo deja rebabas si uno se apura. Las escobillas mostraron desgaste visible al sexto mes, algo esperable en un equipo de gama media con uso intensivo de fin de semana.
El cableado resistió tirones y polvo, aunque el enchufe original quedó flojo después de varios meses de uso. Recomiendo revisar el apriete del portabrocas cada tanto y guardar la herramienta colgada, no apoyada sobre la mesa, para no golpear el interruptor de percusión.